Estados Unidos campeón del Mundial Femenil de Futbol

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EE.UU Campeón del Mundial Femenil de Futbol El Tecolote dario

¿Y ahora Donald Trump? Cuando Megan Rapinoe dijo que no iría a la “puta Casa Blanca” en caso de que la selección ganara el Mundial, el presidente de Estados Unidos la invitó a ganar antes que hablar.

Pues la selección norteamericana ganó este domingo su cuarto Mundial (de ocho disputados hasta ahora) con un gol de penalti –pitado por el VAR- de Rapinoe y otro de Lavelle. Y Rapinoe ganó el Balón de Oro a mejor jugadora del torneo y también la bota de oro como máxima goleadora (seis tantos en cinco partidos). Es la que nunca se pone nerviosa, la que no canta el himno, la que no se lleva la mano al corazón como todas sus compañeras cuando suena el The Star-Spangled Banner, la que en 2012 hizo pública su homosexualidad y la que, desde entonces, es una de las abanderadas de la LGTBI en EE. UU. Estados Unidos ganó a Holanda por 2-0.

Sexista”, “misógino”, “mezquino”, “estrecho de miras”, “racista” y “mala persona” son sólo algunos de los adjetivos que ha utilizado Rapinoe, capitana de la selección, para referirse al presidente de Estados Unidos. Él entra a todas; y genera broncas y polémicas incluso cuando se trata de deporte. Para Trump, que un americano, americana en este caso, no cante el himno es una afrenta y una falta de respeto.

A Rapinoe le da igual, sigue sin cantarlo. Y sigue diciendo que no irá a la Casa Blanca. Lo repitió el sábado cuando le preguntaron. Este domingo lideró la victoria de Estados Unidos ante Holanda. La que le ha dado a la selección el cuarto título mundial. Nadie ha ganado más que ellas en fútbol femenino: de ocho ediciones disputadas, EE UU ha triunfado en cuatro. Nunca lo había hecho en Europa, hasta hoy. La victoria contra Holanda –finalista por sorpresa en su segunda participación- agranda su leyenda. Lo aplaudieron los 57.900 que estuvieron este domingo en el Stade de Lyon, entre ellos Emmanuel Macron, presidente de la República francesa.

La final del Mundial colapsó el transporte de la ciudad. A la una y media de la tarde, media hora antes del horario previsto para que empezaran a funcionar los tranvías especiales para el estadio (que está a unos 10-12 kilómetros del centro de la ciudad y algunos más desde la fan zone) ya había casi mil personas haciendo cola bajo un sol infernal y unas temperaturas de 37 grados. Posiblemente no tuvieran más remedio que subir a empujones y eso que se pusieron en marcha más de tres horas antes del comienzo de la final. Las colas daban la vuelta a la manzana en uno de los puntos de salida; la enorme serpentina de aficionados americanos –hasta los calcetines llevaban a juego- chocaba con lo gris de familias pobres acampadas debajo de unos portales, con carritos de niños incluidos. Varios taxistas reconocían que la logística de la ciudad se vio desbordada por un acontecimiento tan grande.

Holanda sí que no se hizo pequeña pese al acontecimiento tan grande. Todo lo contrario, le plantó cara a Estados Unidos. Hasta que le aguantó el empuje físico. Y no debe de ser fácil jugar contra un rival que actúa como una cobra. Así es la selección de Alex Morgan y compañía. Te rodea, te presiona, te enseña la lengua y te mete el miedo en el cuerpo porque tarde o temprano sabe que va a soltar el veneno que acabará matándote. Así fue este domingo y así fue durante todo el Mundial. Tuvo que sudar más de la cuenta en esta edición, eso sí, señal de que la vieja Europa empieza a enseñar los dientes y a acercarse al imperio del fútbol femenino. Pero se llevó un Mundial más (el segundo tanto fue obra de Lavelle, una de las futbolistas con más descaro de este torneo). Rapinoe, que terminó llorando abrazada a sus compañeras, lo celebrará lejos de la Casa Blanca.

Con información del país 

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