Desde la danza trazan el camino de las mujeres hacia el empoderamiento

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La construcción de identidad de la mujer del siglo XX y cómo se ha transformado la figura femenina en la historia articulan la coreografía Nina, de la bailarina y coreógrafa Lidya Romero (Ciudad de México, 1955), que se restrenó en la sala Miguel Covarrubias.

En entrevista con La Jornada, la directora de la compañía Cuerpo Mutable/Teatro de Movimiento explica que en esa obra también reflexiona acerca del papel de la mujer en el siglo XXI.

‘‘Es como un espacio pensado en cómo nos hemos desarrollado hasta el punto en que nos encontramos ahora con esta libertad y deseo de emprender diversas actividades en la vida.

‘‘Recordemos que la mujer no podía votar antes y estaba destinada a las labores del hogar, a cuidar a los hijos porque no tenía derecho a la educación profesional y esto se ha transformado”, explica la artista.

Romero, quien cultiva el lenguaje dancístico desde hace 37 años como directora de la agrupación Cuerpo Mutable, se ha centrado en explorar la corporalidad como materia transgresora porque reta al gesto tanto como al virtuosismo; al tiempo que habita teatros e interviene espacios hace obras que se integran orgánicamente a la arquitectura del foro.

Participan bailarines de varias generaciones

En Nina, Lidya Romero propone un viaje en el tiempo pues da vida al imaginario de una mujer nacida en 1922, en una familia tradicional que migra a la capital, logra abrirse camino y se desarrolla en los ámbitos laboral y social a la par de los acontencimientos que marcaron el derrotero del México posrevolucionario.

La pieza, inspirada en la tía de la coreógrafa, es un ejercicio de memoria que plantea observar a las mujeres que comenzaron el camino de empoderamiento de lo que hoy somos, pues ellas pueden desenvolverse en todas las artes e industrias.

‘‘El papel de la mujer se ha transformado a lo largo de los años, ha sido una labor y lucha permanente; tenemos la igualdad de género y la obra aborda rasgos del personaje; es una reflexión en movimiento, pero no es una narración lineal porque la danza es un lenguaje abstracto que requiere tiempo de investigación”, aclara.

Como parte del proceso creativo, Romero usa rasgos de la personalidad de su tía para hacer los trazos coreográficos que a manera de paisaje abstracto dan vida a una narrativa sustentada en gestos mínimos, como ponerse un guante, hasta desplegar de acciones vertiginosas.

En la obra participan varias generaciones de intérpretes, como Myrna de la Garza, Rocío Flores, Martha Elena Welsh, Luisa González, Renne Portes y Lidya Romero.

Desde que se creó hace 37 años El Cuerpo Mutable/Teatro de Movimiento posee una cualidad que ha permitido la permanencia de la agrupación, así como la vigencia de su propuesta estética: la capacidad de transformación y adaptabilidad reflejada en la producción de más de 60 obras e intervenciones al espacio público.

‘‘Elegimos el nombre del cuerpo mutable porque habla de esa condición, de la permanencia, la transformación de los seres vivos, del pensamiento, del oficio. Lo realizado en los años recientes tiene que ver más con un barroco minimalista, que construyo de una manera muy barroca por gusto y la tendencia es a lo minimalista”, añade.

La experiencia del trabajo desde el cuerpo en movimiento y su capacidad poética de transformación del entorno permite una mirada amplia sobre la danza actual.

Nina, que habla de la mujer y cómo se fue configurando desde la primera mitad del siglo XX hasta nuestros días, se presenta en la sala Covarrubias del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000, Ciudad Universitaria).

Las últimas funciones de esa coreografía de Lidya Romero son hoy a las 20 horas, mañana sábado a las 19 horas y el domingo 9 a las 18 horas, día en que concluye la temporada.

Con información de La Jornada Cultura

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