Los grandes maestros de vida

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Hace varios años tuve la oportunidad de leer un libro maravilloso que se llama “Las 5 personas que encontrarás en el cielo”, el autor es Mitch Albom. En el libro, el personaje principal, Eddie, pierde la vida al salvar a una niña de ser atropellada y de pronto se da cuenta que está en el cielo.

Allí se encuentra con las cinco personas que más han influido en su vida, de forma directa e indirecta. Y de aquí, surgen dos preguntas relevantes: ¿de que manera está ligada nuestra vida a la de las demás personas? Y ¿quiénes son nuestros más grandes maestros e influencias durante nuestra vida?

A lo largo de nuestra vida vamos encontrando grandes maestros que nos dan ejemplo, guía y un sin fin de conceptos y cosas por pensar. Todo comienza con nuestros padres cuando nacemos, ellos tienen la tarea de ser quienes nos enseñen desde las cosas más básicas, como comer, caminar, hablar; pasando por enseñarnos paciencia, humildad, tolerancia a la frustración cuando somos adolescentes y finalmente, en nuestra edad adulta, nos enseñan cómo tenían razón en todas esas noches de desvelos y de largas pláticas.

Un segundo nivel de maestros que encontraremos en nuestra vida, son aquellos que nos enseñaron matemáticas, física, las reglas ortográficas del español, a socializar con nuestros compañeros, a tomar turnos para hablar en clase y a entender que el aprendizaje, como el trabajo, necesitan atención, dedicación y descansos.

También en la categoría de maestros me parece importante resaltar a los amigos, de quienes en mi caso, aprendí conceptos como lo que realmente significa ser un buen amigo en las buenas y en  las malas; el honor, la verdad, la lealtad y mucha, mucha diversión.

Hay muchas personas a quienes de igual forma considero grandes maestros de vida, a mi esposo, a mis hijos. De todos ellos, aprendí lo que significa ser una familia, lo que es dar y recibir el amor más grande e incondicional que jamás hubiera imaginado.

Y todas estas personas representan grandes aprendizajes, avances, desarrollo, entendimiento y una gran cantidad de cosas que hoy hacen de mi la persona que soy.

Pero además de todos ellos, hay muchas otras personas que se han cruzado en mi camino de las cuales considero haber aprendido muchísimas cosas igual de valiosas e importantes que las demás que ya mencioné.

Por ejemplo, las señoras que ayudan al quehacer de la casa, que son mujeres en su mayoría de escasos recursos y que tienen unas historias de vida verdaderamente trágicas, de quienes he aprendido fortaleza, decisión, el cómo, sin importar la circunstancia, salen adelante y proveen para sus hijos, con o sin esposo ni nadie más que las ayude.  

De igual manera puedo contar acerca de las cajeras y los empacadores que me atienden en el supermercado local en donde hago mis compras, porque además de ser personas muy amables, siempre tienen una sonrisa y un comentario que me hace saber que nos conocemos, somos empáticos y nos entendemos.

Mitch Albom en su libro describe como algunas de esas personas que hemos de encontrar en el cielo, no necesariamente son familiares, amigos, hijos o los grandes amores de nuestra vida, sino que en muchas ocasiones, algunos de los que nos darán la bienvenida al más allá, son precisamente estas personas que podrían pasar desapercibidas cuando vemos la película de nuestra vida, aquellas que pareciera que no generaron un gran impacto cuando pasaron por nuestra vida,  pero que sin embargo, su aparición en el camino, tenía que llegar para que aprendiéramos algo relevante.

Todo esto, me lleva a ser más consciente de los encuentros que tengo día a día con cada persona, pero sobre todo, a entender que estamos todos conectados, nos guste o no y que tal vez, un día, en algún otro lugar, nos hemos de volver a encontrar.

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