10 años después

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Caso Paulette El Tecolote Diario

Me preguntan siempre que pasó, ¿cuál es la verdad? y siempre contesto lo mismo: ahí se murió, entre el colchón y la base de la cama, se asfixió (asfixia mecánica por sofocación), ahí estuvo los 9 días. Esa es la verdad y nadie me cree.

Esta tragedia se volvió parte de mi vida, pero sobre todo de mis pesadillas, me daba terror cuando alguien me preguntaba, me paralizaba cuando me relacionaban, me angustiaba cuando me reconocían, me ponía nerviosa cuando me juzgaban. Muchos años me sentí culpable de ser parte de esta historia trágica y personaje activo dentro de la narrativa, pero hoy es un gran aprendizaje.

Para mí la pregunta siempre será ¿cómo llegó ahí?, esa respuesta nunca la sabremos con certeza, claramente pudo ser un accidente, un desplazamiento natural según los peritajes mecánicos. Lo cierto es que durante el tiempo que duró la investigación, lo que podía salir mal salía extra mal, todo lo que pasaba parecía irreal e inaudito, todo generaba sospecha, dudas y mucha incertidumbre, lo que ponía en riesgo el proceso mismo, la veracidad de la investigación y de las conclusiones, por eso hasta la fecha sigue en tela de juicio y generando incredulidad, sobre todo en donde estuvo la niña esos días.

Cuando digo todo podía salir mal es todo, desde la cronología del tiempo, la narrativa de las acciones, las declaraciones de todos los involucrados, el actuar de las autoridades. Fue una investigación desaseada, sin pies ni cabeza, sin cumplimiento de protocolos y sin guardar las formas.

Todo inició con una llamada de auxilio, una niña no estaba donde la habían dejado, acostada, en su cama, después de un fin de semana que paso con su familia paterna en Valle de Bravo, sin su mamá quien se fue de viaje, lo que desató el inicio de las mentiras.

Empezó la búsqueda de la menor por parte de las autoridades de la Procuraduría de Justicia del Estado de México, lugar donde yo trabajaba como Directora de Vinculación, teniendo a mi cargo el área de Comunicación Social entre otras responsabilidades, razón por la cuál me pidieron ir al lugar de los hechos para contactar y activar a los medios de comunicación y así ayudar a buscar y encontrar a la niña en caso de que hubiera sido secuestrada.

Estudie la preparatoria en el mismo Colegio que la mamá, también por eso pensaron que era un buen medio para tener comunicación cercana con ella, además de supuestamente ser la última persona en estar con la niña, era la única que estaba dispuesta a compartir su historia para sensibilizar a la gente a que apoyara a localizarla.

Después de un par de días todo empezó a enrarecerse, crecieron las mentiras, las acusaciones, las confrontaciones y no llegaba la llamada para pedir rescate.  Los papás inculpándose uno al otro como responsables directos de la desaparición; que si nunca entró a su casa, que si no se aseguraron que estuviera en su cama, que si nunca la quisieron, que si fue una niña no deseada, que si era una carga por su pequeña discapacidad motriz (muy pequeña por cierto, casi imperceptible); generando la sospecha de estar involucrados en la desaparición.

Para mi la intimidación mediática empezó a crecer, los líderes de opinión me presionaban y amenazaban, me acusaban de no ser ellos mi prioridad, sólo un par se apiadó de mi (se los agradezco), sumado a la indignación social y las especulaciones y malas decisiones, haciendo de mi un mar de nervios.

Todo empeoró cuando encontraron a la niña, repito entre el colchón y la base de su cama, previo a un apagón de luz, lo que alimento todas las teorías fantásticas elaboradas alrededor de su desaparición: que si su mamá la mato y aprovechó el apagón para regresarla a su cama; que tenía un seguro millonario y debido a la situación económica de los papás pues eso, lo querían cobrar; que la secuestraron y la escondieron porque querían la recompensa pero se les salió de las manos; que no pudo estar ahí tanto tiempo, nadie cabe entre un colchón y la base de la cama y menos que no oliera; imposible que con tanta gente ahí, durmiendo en la cama y reporteando no se dieran cuenta; que habían muchos intereses políticos y por eso instrucciones de protegerlos, de que estaba en el ducto del elevador o escondida en el departamento de arriba y que el amante fue quien la dejo en su cama.

Después de encontrarla, de llorar por estrés, por dolor y frustración, llegó mi final, mi punto de quiebra, fue después de esa conferencia de prensa, la que quise detener y no pude, la que todo el país estaba viendo en vivo, la que seguían de manera puntual, la que en lugar de informar desató mayor especulación, la que generó el escrutinio social y la persecución de la prensa hacia mí, exigiéndome declaraciones, documentos, peritajes o cualquier cosa que pudieran tener en exclusiva, lo que los hacia actuar ferozmente y sin piedad hacia mi.

Lo demás es público, lo saben, hay noticias, videos, notas y libros que hablan de ello, inculpaciones y señalamientos, acusaciones y denuncias, demandas millonarias y personas afectadas.

Hoy, 10 años después, sé que hay gente buscando respuestas, medios buscando declaraciones, preguntando que pasó por morbo o por interés real. Por eso esta reflexión, basada en mis recuerdos y mi vivencia personal. Por eso, al tiempo se que aprendí y crecí mucho personal y profesionalmente, me hice de odios y de amores y sobretodo sé qué la justicia también es no cometer injusticias.

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